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ESPERAR
El embarazo es básicamente un tiempo de espera.
Por lo tanto es un periodo para no hacer casi nada: no iniciar proyectos, no enfrentar desafíos, no imponerse retos ni atravesar grandes dificultades.
Es tiempo de reposo espiritual y como tal, una oportunidad para abordar el otro lado del “si mismo”.
Solo en cierto estado de concentración es posible percibir los sonidos del silencio.
Y alcanzando el silencio interior, el niño en gestación puede absorber toda la energía concentrada y usarla para su desarrollo.
Mientras el niño activamente crece, necesita que la madre tranquilamente se detenga:
Por el contrario si la madre despliega una actividad física o emocional muy enérgica, el niño se verá obligado a replegarse y esperar que la agitación se apacigüe. Madre y niño dependemos alternadamente de nuestros movimientos.
Uno se mueve, mientras el otro está en reposo y viceversa.
Si imaginamos que el embarazo baila al ritmo de un vals, admitiremos sin tanta culpa que corresponde demorar nuestros estímulos a favor de un impulso vital que está a punto de florecer.
Laura Gutman
Mujeres visibles – madres invisibles
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