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La madre sufre una serie de modificaciones metabólicas y vasculares en su adaptación al embarazo, existiendo una serie de sustancias como las diferentes hormonas que ejercen un efecto diabetógeno. Este efecto se contrarresta con un aumento de la secreción de insulina en el páncreas materno. En algunas madres, la función pancreática es insuficiente y no pueden inhibir este problema.
El feto al crecer necesita más aporte de glucosa, movilizándose una mayor cantidad de insulina, lo que se ve incrementado aún más en los hijos de madres diabéticas. Así el feto trata de contrarrestar la hiperglucemia materna.
Uno de los principales factores de crecimiento fetal es la insulina y otros análogos a la insulina.
El 10% de la población general tiene niños cuyos pesos se ubican por encima del percentil 90.
Se define al Feto grande para la edad gestacional cuando su peso está por encima del percentil 90, siendo un Feto Macrosómico cuando el peso supera los 4000 gramos.
Los factores de riesgo de los fetos macrosómicos son: obesidad materna, diabetes, historia previa de fetos macrosómicos, gestación prolongada, excesiva ganancia de peso durante el embarazo, multiparidad y edad materna avanzada.
Este incremento del crecimiento fetal intraútero presenta un impacto diferente en hijos de madres diabéticas con respecto a la población general.
Los fetos de gran tamaño tienen mayores complicaciones por partos distócicos o traumáticos.
En los hijos de madres diabéticas también aumenta la incidencia de hipoxia perinatal, aspiración meconial, hipoglucemia neonatal y otras complicaciones metabólicas.
El método para diagnosticar un feto macrosómico consiste en calcular el peso fetal según las medidas ecográficas.
Cabe mencionar que el cálculo del peso es menos preciso cuando se trata de fetos de gran tamaño con respecto a fetos de peso normal, siendo los valores predictivos positivos para fetos macrosómicos de 67%.
Se debe tener en cuenta que los hijos de madres diabéticas presentan sobretodo un crecimiento del tronco y de los órganos abdominales, mientras que la tasa de crecimiento de la cabeza y del cerebro permanece normal. Este aumento de crecimiento generalmente se observa luego de la semana 28 de embarazo.
Un peso calculado por encima de 4.000 gramos se asocia con una probabilidad del 77 % de macrosomía, siendo del 86 % cuando sobrepasa los 4.500 gramos.
Es importante poder diagnosticar ecográficamente un feto macrosómico a la hora de tomar una correcta decisión obstétrica.
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