Trastorno del espectro del autismo (TEA)

   Por: Lic. Karina Molina Ferreyra.
                                                                                                       MP: 8.401
                                                                                 Unidad de acompañamiento emocional – DIAGNUS

La Asamblea General de las Naciones Unidas declaró el 2 de abril como Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo para poner de relieve la necesidad de contribuir a la mejora de la calidad de vida de las personas con autismo, para que puedan llevar una vida plena y gratificante como parte integrante de la sociedad.

El trastorno del espectro del autismo (TEA)  es una afección neurológica y de desarrollo que comienza en la niñez y dura toda la vida. Afecta cómo una persona se comporta, interactúa con otros, se comunica y aprende. El término “espectro” se refiere a la amplia gama de síntomas, habilidades y grados de discapacidad funcional que se pueden presentar en las personas con trastornos del espectro autista. Algunos niños y adultos con este tipo de trastorno son completamente capaces de realizar todas las actividades de la vida diaria, mientras que otros requieren ayuda substancial para realizar las actividades básicas. Aún no se conocen las causas de este trastorno, pero las investigaciones sugieren que tanto los genes como los factores ambientales juegan un rol importante.

Los síntomas de este trastorno pueden variar mucho de persona a persona dependiendo de la gravedad del mismo. Incluso dichos síntomas pueden pasar desapercibidos en el caso de los niños con trastornos del espectro autista leves o con discapacidades menos debilitantes.

Los indicadores que ocurren a una edad muy temprana y que requieren evaluación por parte de un experto incluyen:

  • No balbucear ni señalar a la edad de 1 año
  • No decir ninguna palabra a los 16 meses y no formar frases de dos palabras a los 2 años
  • No responder a su nombre
  • Pérdida del lenguaje o las habilidades sociales que ya tenía
  • Poco o ningún contacto visual
  • Excesiva colocación en fila de juguetes o de objetos
  • No sonreír ni responder socialmente
  • No responde a indicaciones verbales; actúa como si fuera sordo
  • Demasiadas o muy pocas expresiones de afecto
  • No se implica en juegos compartidos, y parece no disfrutar de la relación compartida con otras personas.

 

Las características pueden variar de un niño a otro en el grado de intensidad y severidad. En cualquier caso, estos indicadores de forma aislada no implican que el niño o la niña tenga TEA. Son señales que deben alertar a las familias y a los profesionales del riesgo de que se presente un trastorno de este tipo en el desarrollo, y favorecer la derivación a una evaluación especializada que lo confirme o descarte.

Actualmente, no existe un tratamiento estándar para el TEA, hay muchas maneras de maximizar la capacidad del niño para crecer y aprender nuevas habilidades. Cuanto antes se comience, mayores son las probabilidades de tener más efectos positivos en los síntomas y las aptitudes. Los tratamientos incluyen terapias de comportamiento y de comunicación, desarrollo de habilidades y/o medicamentos para controlar los síntomas.

Una detección temprana puede proporcionar la base para construir programas apropiados y efectivos de educación y tratamiento.